Autismo en la primera infancia: señales tempranas y características principales

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El autismo es un trastorno del neurodesarrollo que influye en la manera en que un niño se comunica, interactúa socialmente y procesa el entorno. Se manifiesta desde edades muy tempranas y acompaña a la persona a lo largo de su vida.

Aunque muchas veces el diagnóstico se realiza alrededor de los 5 o 6 años, hoy se sabe que pueden identificarse indicadores desde el primer año de vida. Reconocer estas señales de forma precoz permite acceder a apoyos e intervenciones durante un período crítico del desarrollo, especialmente antes de los cinco años, cuando el cerebro presenta mayor plasticidad.

¿Cuándo comienzan a observarse las señales?

Las manifestaciones del trastorno del espectro autista (TEA) pueden aparecer entre los seis meses y los tres años. En algunos casos, ciertos indicadores son visibles incluso antes.

Sin embargo, en bebés y niños pequeños estas señales pueden pasar desapercibidas si no se conocen los hitos del desarrollo social y comunicativo. Muchas familias, especialmente cuando se trata del primer hijo, pueden no advertir diferencias sutiles en comparación con el desarrollo típico.

Dos áreas centrales en el autismo

Las características del autismo se dan en dos grandes dimensiones:

  1. Dificultades en la comunicación e interacción social.

  2. Patrones de comportamiento restringidos y repetitivos

Ambas dimensiones deben estar presentes para que se configure el cuadro clínico. En ocasiones, algunos rasgos pueden confundirse con otros trastornos del desarrollo, lo que retrasa la identificación adecuada.

Señales tempranas en la comunicación social

Antes de que aparezcan las palabras, los niños desarrollan habilidades prelingüísticas fundamentales. Estas incluyen el uso de gestos, el contacto visual, la atención conjunta y la capacidad de compartir intereses con otras personas.

En el autismo, estas habilidades suelen desarrollarse de forma tardía, inconsistente o atípica.

Indicadores relevantes en bebés y niños pequeños

1. Uso limitado de gestos

La gesticulación es uno de los indicadores más sólidos en la detección temprana. Antes de hablar, los niños se comunican señalando, mostrando objetos o utilizando gestos para expresar deseos.

  • A los 16 meses, se espera la presencia de múltiples gestos comunicativos.

  • La ausencia o escasa frecuencia de señalar es una señal de alerta importante.

  • Algunos niños pueden utilizar la mano del adulto como herramienta para obtener algo, en lugar de señalarlo directamente.

2. Dificultades en la atención conjunta

La atención conjunta ocurre cuando el niño comparte con otro la experiencia de observar algo (por ejemplo, mirar un auto y luego mirar al adulto para compartir la experiencia).

En el autismo, puede haber interés por los objetos, pero menor tendencia a compartir ese interés con otras personas.

3. Combinación de gestos y palabras

Cuando el lenguaje comienza a surgir, es esperable que el niño combine palabras con gestos (por ejemplo, decir “más” mientras señala una galleta). Esta integración suele representar un desafío particular en niños con TEA.

4. Contacto visual atípico

Puede haber evitación del contacto visual o dificultad para utilizarlo como herramienta comunicativa.

Comportamientos restringidos y repetitivos

Además de las dificultades sociales, el autismo se caracteriza por patrones conductuales específicos que moldean la forma en que el niño interactúa con el entorno.

Estos comportamientos pueden incluir:

  • Movimientos repetitivos (sacudir manos, balancearse).

  • Intereses intensos y muy focalizados.

  • Dificultades con las transiciones.

  • Respuestas sensoriales inusuales.

Aunque algunos comportamientos repetitivos son normales en la primera infancia, en el autismo tienden a ser más persistentes, intensos y estructurados.

Manifestaciones frecuentes en el primer año

Interacción atípica con objetos

Algunos niños pueden:

  • Manipular objetos de forma poco funcional.

  • Observarlos desde ángulos inusuales.

  • Centrarse en partes específicas en lugar del objeto completo.

Intereses intensos

Pueden desarrollar fijaciones marcadas por ciertos temas, números, letras, figuras o elementos del entorno (como hojas de árboles en movimiento), mostrando un interés desproporcionado en comparación con sus pares.

Sensibilidad o búsqueda sensorial

Son frecuentes las diferencias sensoriales:

  • Búsqueda constante de movimiento.

  • Interés intenso o aversión por ciertas texturas.

  • Molestia ante sonidos, etiquetas de ropa o determinados alimentos.

  • Cubrirse con las manos los oídos ante ruidos comunes.

En algunos niños predomina la búsqueda sensorial; en otros, la evitación.

La importancia del diagnóstico temprano

En ocasiones, las conductas pueden parecer simplemente rasgos individuales o variaciones del temperamento. Sin embargo, cuando las diferencias afectan la comunicación, la adaptación y la interacción social de forma persistente, es recomendable realizar una evaluación especializada.

Un diagnóstico temprano no define el potencial del niño. Por el contrario, permite acceder a apoyos adecuados que favorezcan la autonomía, el desarrollo de habilidades y una mejor adaptación en distintos contextos.

El objetivo central no es etiquetar, sino comprender el perfil del niño para ofrecer intervenciones ajustadas a sus necesidades.

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