El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es una condición del neurodesarrollo que afecta principalmente la regulación de la atención, el control de impulsos y la actividad motora.
Aunque durante años ha existido debate sobre sus causas, actualmente se sabe que el TDAH está relacionado con diferencias en el desarrollo y funcionamiento del cerebro.
Estas diferencias no implican un daño cerebral, sino una forma particular de organización y maduración neurológica que influye en el comportamiento y el aprendizaje.
Muchas de las dificultades asociadas al TDAH están vinculadas a lo que se conoce como funciones ejecutivas. Estas habilidades permiten organizar la conducta y dirigirla hacia objetivos.
Entre las funciones ejecutivas se incluyen:
planificar acciones
organizar tareas
controlar impulsos
regular emociones
mantener la atención
gestionar el tiempo
Estas capacidades dependen en gran medida del funcionamiento del corte prefrontal, una región del cerebro clave en la regulación del comportamiento.
En niños con TDAH, esta área suele presentar un desarrollo más lento, lo que puede explicar dificultades para mantener la atención, inhibir respuestas impulsivas o completar tareas.
Diversos estudios han identificado variaciones en el tamaño y desarrollo de ciertas regiones cerebrales en personas con TDAH.
Entre las áreas más estudiadas se encuentran:
corteza prefrontal: relacionada con la toma de decisiones y el control conductual
cerebelo: vinculado al control del movimiento y la coordinación
hipocampo: implicado en la memoria
amígdala: relacionada con la regulación emocional
En algunos casos, estas estructuras pueden presentar un tamaño menor o una maduración más lenta durante la infancia. Sin embargo, el desarrollo continúa con el tiempo, y en la adultez estas diferencias pueden ser menos evidentes.
El funcionamiento del cerebro no depende solo de sus estructuras, sino también de la forma en que estas se comunican entre sí.
En el TDAH, se han observado diferencias en la conectividad entre distintas redes cerebrales. Una de las más relevantes es la red neuronal por defecto, que se activa cuando la mente no está enfocada en una tarea específica.
En niños con desarrollo típico, esta red disminuye su actividad cuando se requiere concentración. En cambio, en el TDAH, puede mantenerse activa incluso durante tareas que requieren atención.
Esto puede provocar que la mente divague con mayor facilidad, dificultando la concentración en actividades escolares o tareas que requieren esfuerzo sostenido.
Otra característica relevante es la forma en que el cerebro selecciona la información importante del entorno.
Existen sistemas neuronales encargados de dirigir la atención hacia estímulos relevantes. En el TDAH, estos sistemas pueden funcionar de manera menos eficiente, lo que hace que estímulos irrelevantes compitan por la atención.
Esto puede traducirse en:
distracción frecuente
dificultad para priorizar información
problemas para mantener el foco en una tarea
Además de las diferencias estructurales y de conectividad, el TDAH también se relaciona con el funcionamiento de ciertos neurotransmisores.
Uno de los más importantes es la dopamina, una sustancia química que participa en procesos como:
la motivación
el aprendizaje
la sensación de recompensa
la regulación de la atención
En el TDAH, puede existir una menor disponibilidad de dopamina en ciertas vías cerebrales, lo que afecta la capacidad para mantener el interés en tareas que no generan una recompensa inmediata.
Esto ayuda a explicar por qué los niños con TDAH suelen mostrar mayor motivación por actividades estimulantes y mayor dificultad con tareas repetitivas o poco atractivas.
Las diferencias en el funcionamiento cerebral se reflejan en conductas observables como:
dificultad para mantenerse atento
impulsividad
inquietud motora
problemas para regular emociones
Estas conductas no son intencionales, sino la expresión de un sistema neurológico que procesa la información de manera distinta.
Comprender esta base biológica permite abordar el TDAH desde una perspectiva más comprensiva y ajustada a las necesidades del niño.
El conocimiento sobre el funcionamiento cerebral en el TDAH ha permitido desarrollar intervenciones más efectivas.
Entre ellas se incluyen:
estrategias conductuales
apoyo en funciones ejecutivas
intervenciones psicoeducativas
tratamiento farmacológico en algunos casos
Los medicamentos utilizados en el TDAH actúan, en parte, regulando la disponibilidad de dopamina, lo que puede mejorar la atención y el control de impulsos.
Sin embargo, el tratamiento debe adaptarse a las características individuales de cada niño, considerando tanto sus dificultades como sus fortalezas.
El TDAH no se debe a falta de voluntad ni a problemas de crianza. Se trata de una condición del neurodesarrollo con bases biológicas claras.
Comprender cómo funciona el cerebro en el TDAH permite diseñar estrategias más efectivas, reducir el estigma y acompañar de manera más adecuada a los niños en su desarrollo.
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